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Yo estuve allí · Madrid, 13 de agosto de 2026

Habemus Papam

En la Plaza de San Pedro, en primera fila, viví la elección del primer Papa latinoamericano. Doce años después escribo esta crónica y una despedida.

Plaza de San Pedro: la autora sostiene la bandera de Colombia durante la elección del nuevo Papa

Soy un ser con una profunda convicción espiritual. Nací, crecí y fui educada bajo los cánones de la religión católica, apostólica y romana, heredada de nuestra madre patria. La mayor parte de mi educación transcurrió en un colegio femenino, Nuestra Señora de la Consolación, de monjas agustinas recoletas, al que ingresé en el año 1973 a mis 8 años a cursar Tercero de Primaria y del que me gradué como Bachiller el 5 de diciembre de 1981 con 16 años. Poco tiempo después ingresé a cursar la carrera de Derecho en la Universidad de la Sabana en Bogotá, Colombia.

Por aquel entonces ignoraba por completo que esta universidad tenía una orientación basada en los valores del Opus Dei y su fundador, hoy en día declarado santo, José María Escrivá de Balaguer. Para mí simplemente fue algo valioso poder seguir practicando mi fe en los años de universidad. Saber que cada día podía asistir a misa en la capilla o que en cualquier momento podía ir a orar en ese lugar — igual que lo hice muchas veces a la hora del recreo en la capilla de mi colegio.

Cuando el 11 de febrero de 2013 fue anunciada la renuncia de Benedicto XVI, yo viviendo por aquel entonces en Milán, Italia, supe que estaba ante una oportunidad única e irrepetible: asistir a la elección del nuevo jerarca de la iglesia. Analicé los resultados de los últimos conclaves y concluí que el nuevo Papa sería elegido entre el 13 y el 14 de marzo.

Les propuse a mis amigas y compañeras de grupo de oración y rosario que me acompañaran y finalmente quien aceptó fue G., una amiga venezolana. Viajamos en tren a Roma a primera hora del miércoles 13 y llegamos a la plaza de San Pedro a eso de las 11 AM., coincidiendo con la fumarola de humo negro que indicaba el resultado negativo del escrutinio de la mañana.

En cuanto desplegamos nuestras banderas algunos periodistas latinoamericanos o de habla castellana nos entrevistaron, tanto de prensa como de radio y televisión. Nos sentíamos como unas verdaderas estrellas.

Entrevista en un noticiero latinoamericano durante la elección del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro
13 de marzo de 2013. Una de las entrevistas de aquella mañana en la plaza. Amigos y familiares comenzaron a enviarnos mensajes por WhatsApp de que nos habían visto en tal o cual noticiero o programa.

Decidimos ir a comer algo, recorrer la Basílica de San Pedro, que para ese momento estaba muy solitaria, no como es usual con colas enormes para su ingreso, y desde la 1:00 PM nos apostamos en primera fila a esperar el resultado de los escrutinios de la tarde. Íbamos preparadas: sabíamos que iba a llover, así que llevábamos paraguas e impermeables. Portábamos en nuestros morrales algo para beber y algún dulce por si la espera se prolongaba como, en efecto, sucedió.

Horas y horas de espera. Jamás podré describir de manera fidedigna lo que fue vivir ese momento. A medida que transcurría el tiempo la plaza se iba llenando más y más. Conversábamos con nuestros vecinos en español, italiano o inglés. Se escuchaba hablar en idiomas que no podía identificar. Había gente que había acudido en grupo, congregaciones religiosas, que durante la tarde entonaron cánticos y oraciones. A eso de las 6 PM la multitud congregada allí era incalculable.

Al encontrarnos en primera fila teníamos contacto directo con la zona destinada a la prensa, por lo que a lo largo de la tarde continuaron las entrevistas. Recuerdo especialmente un sacerdote que había sido enviado a cubrir la elección del nuevo Papa por una emisora de radio de un pequeño pueblo del sur de Argentina.

Habemus Papam

Apenas pasadas las 7 PM se produjo la fumarola blanca que anunciaba que el nuevo pontífice había sido elegido. La plaza entera estalló en gritos y júbilo; al poco tiempo comenzaron a tañer todas las campanas de Roma, y finalmente, una hora después, apareció en el balcón de la Basílica el Proto-Diácono para anunciar: Habemus Papam.

El Proto-Diácono en el balcón de la Basílica de San Pedro anunciando Habemus Papam
13 de marzo de 2013. El anuncio desde el balcón central de la Basílica de San Pedro.

Como el pregón se hace completamente en latín, inicialmente no entendimos de quién se trataba, solo que se llamaría Francisco. La sorpresa y alegría al descubrir que el elegido era el Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue inmensa: el primer Papa latinoamericano, el primer Papa en lengua castellana. El sacerdote argentino que mencioné lloraba como un niño de la emoción.

Diez minutos después apareció el Nuevo Papa, quien desde el primer momento impresionó por su humildad, su sonrisa cálida y bonachona, su expresarse de manera sencilla, rompiendo la rigidez y el protocolo que antes de él solían acompañar este tipo de eventos.

Multitud en júbilo en la Plaza de San Pedro durante el saludo al Papa Francisco
Saludo al Papa Francisco. El estallido de alegría en la plaza cuando apareció el nuevo pontífice.

Lo que más me conmovió de su discurso fue su petición de hacer todos juntos una oración. Imposible no emocionarse hasta las lágrimas al pronunciar el Padrenuestro y escuchar esta ancestral oración en los incontables idiomas de quienes nos hallábamos allí presentes, y recibir su primera bendición Urbi et Orbi — la bendición papal más solemne.

Aún conservo algunos recuerdos de aquel inolvidable acontecimiento en el que tuve el privilegio de participar: una entrevista de un canal de Puerto Rico en el que me preguntan mi opinión sobre la elección del nuevo Papa, la estampilla de correos de Sede Vacante de la ciudad del Vaticano, el original de los diarios L'Osservatore Romano y Avvenire con la noticia en primera plana, amén de las fotografías que tomé yo misma.

Doce años después

Creo sinceramente que la elección del Papa Francisco fue un acierto. Considero admirable el gesto de humildad y conciencia del Papa Benedicto XVI al renunciar a su cargo, reconociendo que no era el indicado para dirigir el derrotero de la Iglesia Católica en tiempos de cambio y renovación. El Papa Francisco trajo nuevos aires y, en efecto, durante su pontificado se destacó su defensa de los inmigrantes, su lucha contra la pedofilia, la sanación de la banca vaticana, la participación más activa y directa de la mujer en el manejo y dirección de la Iglesia Católica y el acercamiento a la comunidad LGBTQ+ — como recuerdan los análisis de su legado.

Se fue demasiado pronto: doce años de pontificado. Me duele saber que, después de su elección, nunca volvió a su país, Argentina; nunca más volvió a su piso, a sus cosas. Por experiencia propia sé lo que es salir de casa un día sin saber que ya jamás regresarás.

Cuando miro las fotos del día de su elección y las de los días previos a su fallecimiento, veo cuánto cambió: el enorme peso de hacerse responsable de dirigir una institución tan enorme, tan importante e influyente, aunque a la vez tan anquilosada y obsoleta. Falleció el lunes de Pascua de 2025, llamado en Italia Lunedì dell'Angelo o Pasquetta — el lunes siguiente al domingo de Pascua en Italia es día festivo nacional dedicado a paseos, excursiones y comidas al aire libre, donde a menudo se siguen disfrutando los restos de la Colomba (pan de Pascua). En Italia hay un pan especial para cada celebración, pero eso será tema de otro post.

Descanse en paz el Papa Francisco. No podía haber fallecido en otra fecha que en el Lunes del Ángel, haciendo su propia Pascua.

Agosto 13/2026

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