Conociendo al Premio Nóbel
En la Università Cattolica de Milán conocí a Mario Vargas Llosa: dos autógrafos y una dedicatoria especial.
Al poco tiempo de haber llegado a Milán me inscribí en el Instituto Cervantes. En la capital de la moda está ubicado en una calle muy céntrica, en pleno corazón de la ciudad. Ya había escuchado hablar de esta organización cuando, viviendo en Egipto, la guía con la que hicimos el tour del Cairo Islámico nos contó que había estudiado y aprendido la lengua castellana en la sede de este Instituto en aquella metrópoli. Hoy en día sé que tiene presencia en más de 100 ciudades del mundo.
Periódicamente recibía información sobre cursos, talleres y eventos realizados en castellano o vinculados de alguna manera a Hispanoamérica. Fue así como en mayo de 2018 me enteré de que en el mes de junio el premio Nobel de literatura 2010, Mario Vargas Llosa, dictaría la conferencia La vida y los libros, en la Universidad del Sagrado Corazón (Università Cattolica del Sacro Cuore).
Antes de conocer a Jairo tan solo había leído La ciudad y los perros, La tía Julia y el escribidor, de la que incluso se hizo en Colombia una telenovela en el año 1981, y La guerra del fin del mundo, pero aprovechando que mi entonces novio tenía casi todas las obras de este autor publicadas hasta entonces, pude leerlo y apreciar la inmensa calidad de su escritura e incluirlo yo misma dentro de mis autores preferidos.
Recomiendo especialmente su novela Pantaleón y las visitadoras. Es una obra llena de ironía y humor negro con la que me divertí montones mientras la leía.
Como el cartel de invitación indicaba que el ingreso a la conferencia era libre hasta completar su aforo, me fui con bastante antelación y preparada. Llevaba conmigo uno de los libros preferidos de Jairo: Conversación en La Catedral, y la fotografía ampliada que le tomé en la Calle Ferré en el distrito de Miraflores, cuando en febrero de 2008 visitamos Lima, capital de Perú. Fuimos hasta ese lugar exprofesamente, pues era en esta vía donde residía el Poeta, uno de los protagonistas de La ciudad y los perros. Presumía que al finalizar la charla habría lugar para pedirle un autógrafo al Nobel.
Cuando llegué al aula magna ya había cierto número de personas, pero logré una muy buena ubicación. Uno de mis compañeros de silla, un estudiante del alma mater, me preguntó si sabía en qué idioma sería la conferencia, ¿en italiano? Le respondí que a mi entender Mario Vargas Llosa hablaba castellano, francés y tal vez inglés; italiano no creía.
La disertación fue impartida en castellano, y en ella el escritor habló de la importancia de los libros desde su infancia y a lo largo de su vida, y de la necesidad de buscar maneras y formas de estimular la lectura en las nuevas generaciones.
Tal y como lo presagié, finalizada la charla se invitó a que los interesados en obtener un autógrafo hicieran fila enfrente de la tribuna. Al llegar mi turno, lo primero que hice fue extenderle la fotografía. Le causó sorpresa y mientras la firmaba me expresó que esa era la calle donde transcurría una de sus novelas. Le manifesté que, precisamente por esa razón, mi marido y yo habíamos ido hasta allí, pues éramos fervientes admiradores de su obra.
Entonces me preguntó: ¿Quieres una dedicatoria especial? ¡Claro que sí!
Saqué el ejemplar de la novela que llevaba conmigo y que el Nobel dedicó de manera particular a mi marido. En lugar de uno, logré obtener dos autógrafos y una dedicatoria singular.
Regresé muy feliz a casa, no solo por la valiosa oportunidad que tuve de conocer en vivo y en directo a un Premio Nobel de la Literatura siendo yo una amante de las letras, sino porque dos días antes había sido el cumpleaños de Jairo y de esta manera pude darle un regalo invaluable.
Junio 29/2018