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Viajes, libros y demás · Madrid, 14 de noviembre de 2021

Cuento de Mar

Un poema escuchado en la radiola de mi casa, transcrito con paciencia de niña, que desde entonces — y para siempre — es parte fundamental de mi historia.

Portada del tomo Poemas de la Primera Infancia de la enciclopedia El Mundo de los Niños

En mi más tierna infancia mi madre adquirió para nosotros, sus hijos, la enciclopedia El Mundo de los Niños de la Editorial Española Salvat. Devoré los siete primeros tomos: los leí, releí, viví, disfruté mil veces. Marcaron mi niñez. El segundo tomo se titula Poemas de la Primera Infancia — aún lo conservo —; allí conocí la poesía y me enamoré de ella.

No recuerdo con exactitud qué edad tenía cuando, siendo aún una niña, encontré en la radiola de mi casa un LP titulado La Casa de los Abuelos. Este acetato estaba compuesto por diez poemas, uno de los cuales era Cuento de Mar, de Jorge Robledo Ortiz: un poema que desde entonces, hasta hoy y para siempre, es parte fundamental de mi historia.

Radiola de madera con tocadiscos y un disco de vinilo, como la de la casa de la infancia
La radiola. En un aparato como este escuché una y otra vez el LP hasta poder transcribir el poema.

En ese entonces, año 1975, 1976, no había posibilidad de buscar la letra de una canción o poema, así que colocando mil veces el elepé logré transcribir su texto. Recuerdo que con lápiz y papel en mano escribí y reescribí pacientemente la letra hasta tenerlo completo. Contenía palabras, términos y expresiones ignotos para mí, e incluso alguno inentendible, pero el poema me seducía: era lo más hermoso que había escuchado, y soñaba con el futuro en que encontraría al pirata o bucanero que lo declamara para mí.

Portada del LP La Casa de los Abuelos, con versos de Jorge Robledo Ortiz en la voz de Juan Caballero
La Casa de los Abuelos. El disco donde escuché por primera vez Cuento de Mar, en la voz de Juan Caballero.

Lo transcribo una vez más:

Cuento de Mar

Voy a beberme el mar.
Ya tengo listo mi velero fantasma.
No le he trazado rumbos a mi ausencia,
no he fatigado el mapa
localizando zonas que no bailen
al macabro jazz-band de las borrascas.
Viajaré simplemente,
sin triangular alturas ni distancias,
llevando en el timón a Don Quijote
y la rosa del viento en la solapa.

Acompáñame tu, dulce chiquilla,
partiremos al alba,
cuando los alcatraces no dibujen
su ecuación de naufragios sobre el agua.
Arranca tus raíces de la tierra,
abre tu citolegia de nostalgias,
y vamos a bebernos el océano
en la copa de luz de las montañas.

Visitaremos todos los países,
los puertos y las radas.
Te compraré crepúsculos en Chipre.
Un elefante niño al sur del África.
Un gajo de luceros en Corea.
Dos elásticos tigres de Bengala.
El dolor milenario de un camello.
Y la fatiga estéril del Sahara.

En el Japón te mostraré los biombos
con figuras bilingües y enigmáticas.
En Pekín buscaremos la muñeca
de blanco corazón de porcelana.
Haremos de bambú balsas de ensueño
para subir un río de esperanzas.
Y te daré un sombrero en forma de hongo
y unas chinelas para tu pijama.

Pasaremos a Escocia y a Noruega.
Después navegaremos a Finlandia
para buscar la estirpe de un vikingo
de ojos azules y de luenga barba,
que se murió coleccionando fiordos
en el álbum con sal de su nostalgia,
mientras su vieja pipa marinera
quemaba archivos íntimos del alma.

Y siempre sin control, siempre viajando,
iremos al país de Sherezada
y allí te contaré Mil y una Noches
de reyes y de esclavas,
de romances y torres de marfil,
de bazares, de alfombras y de flautas,
de madrigales y de surtidores
de pie como las cobras encantadas.

Subiremos el Rin buscando a Wagner
y su Tetralogía desvelada.
Cazaremos los cisnes hiperbóreos
que abanican la muerte con sus alas.
Y te diré que la música es un vino
que cuando estamos tristes se derrama.
Y que el silencio es un santuario celta
donde reposa el corazón de un arpa.

Y fatigando el mar, ¡Qué importa el tiempo!
visitaremos la ciudad sagrada,
la tierra de la cruz y del olivo,
la que escuchó el Sermón de la Montaña,
la patria de Jesús y de María,
la que arrulló las bienaventuranzas,
la tierra donde un tosco carpintero
pulió a garlopa el globo de una lágrima.

En otro amanecer arribaremos
a las Islas Canarias,
te compraré su nombre que es un trino
diluido en el agua.
Para pescar luceros en el fondo
te bastará la red de tus pestañas,
y aprenderás que a Dios también se llega
por el verde camino de las algas.

Si sueñas ver a Nápoles,
cruzaremos por mármoles de Italia,
y te daré una góndola en Venecia
y en Asís la humildad de una campana.
Compraremos al Dante sus laureles
a Benvenuto su luciente daga,
para tu muñequero de ilusiones
y tu azul inquietud de extravagancias.

Buscaremos ositos en Siberia,
rutas de manzanilla al sur de España,
la sombra adolescente de Platero,
la capa de Unamuno en Salamanca,
la fatiga inmortal de Rocinante.
El dardo del Amor Clavado en Ávila,
la Morena ascendencia de «El Cachorro»
y el llanto de Boabdil sobre Granada.

Y cuando tengas sueño, mi pequeña,
cuando te canses de medir distancias
y no quieras viajar a la deriva
con la estrella polar a las espaldas,
te arrullaré, mientras mi vieja pipa,
que compré a un bucanero en Samarcanda,
quema frente a la noche de tus ojos
mi viejo contrabando de nostalgias.

Jorge Robledo Ortiz · Colombia

En aquel entonces no imaginé que la vida me daría la posibilidad de viajar por el mundo entero y conocer algunos de los países, ciudades y puertos que incluye el poema. Para mi fortuna, así fue, así ha sido. Por razones profesionales y laborales de mi esposo, tuvimos la posibilidad de vivir en cinco países y tres continentes diferentes, y aprovechando las distintas ubicaciones viajar, conocer y hacer realidad nuestros deseos de recorrer el mundo.

Compañeros en el mar de la vida
Compañeros en el mar de la vida

En otro post comentaré sobre los lugares que he conocido y que se mencionan en el poema, y cuáles aún tengo pendientes.

Noviembre 14/2021

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