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Viajes, libros y demás · Madrid, 12 de septiembre de 2026

Arrieros somos

Las últimas vacaciones familiares en Colombia: el Eje Cafetero, un mariposario de cuento y un día vestidos de arrieros.

La familia vestida de arrieros: Danny, Juanes, Alexandra con un canasto de flores y Jairo con la guitarra, junto a un gallo y sacos de Café de Colombia
Parque del Café, 2005. Vestidos de arrieros. Danny, Juanes, yo y Jairo.

En julio del año 2005, aún sin saber de nuestro próximo traslado a Argentina, pasamos las últimas vacaciones familiares en Colombia recorriendo el Eje Cafetero. Finalmente, después de años en que no fue posible viajar por carretera por los riesgos de seguridad que se corrían, pudimos embarcarnos en la aventura de visitar las tierras del café.

Colombia es un país muy bello, exuberante y rico a todo nivel. En lo referente a paisajes, relieve, naturaleza pura en todas las formas y posibilidades —mares, ríos, lagos, vegetación, fauna, flora, frutos; allí todo es abundante, pletórico. Es el único país sudamericano con costas en ambos océanos: Atlántico y Pacífico. Al ser tropical no hay estaciones, la temperatura depende de la altitud y el relieve, con lo que sufre mínimas variaciones a lo largo del año. En mi país puedes vivir en primavera, verano o invierno, simplemente eligiendo un destino. En una semana puedes viajar del desierto a la selva pasando por páramos, costas, valles, llanuras.

Es el segundo país con mayor biodiversidad del planeta lo que hace que su riqueza a nivel de flora y fauna sea incalculable. Oficialmente ocupa el primer lugar en especies de aves y orquídeas, el segundo en anfibios, mariposas, plantas y peces de agua dulce, el tercero en palmeras y réptiles y el cuarto en especies de mamíferos. Comprar flores, frutas o verduras en cualquier tienda o almacén de grandes superficies, y ni que decir si se trata de la tradicional plaza de mercado, es un verdadero deleite de colores, olores y sabores.

Hacia el Quindío

Partimos de Bogotá hacia la ciudad de Ibagué, conocida como la Capital Musical de Colombia, donde hicimos nuestra primera parada aprovechando a visitar la familia materna de mi esposo, pues mis suegros nacieron en esta zona del país. Recorrimos el centro de la ciudad, la Plaza de Bolívar, (creo que todas las plazas de ciudades capitales en mi patria llevan este nombre), la carrera tercera convertida en corredor peatonal y degustamos las delicias gastronómicas típicas del lugar, tamales y lechona.

Al día siguiente partimos muy temprano hacia el Alto de la Línea, famoso puerto de montaña a 3265 m de altitud, y que sirve de frontera natural entre los departamentos de Tolima y Quindío, para luego descender por la Cordillera Central hasta el municipio de Calarcá, donde nos alojamos en una típica hacienda cafetera hoy convertida en hotel.

Corredor de una hacienda cafetera con tejas, pilares rojos y jardín, al pie de la montaña
Calarcá, Quindío. La hacienda cafetera donde nos alojamos, hoy convertida en hotel.

El Jardín Botánico

La visita al Jardín Botánico del Quindío y su Mariposario resultó una aventura mágica. La exuberancia que mencionaba se hace evidente en lugares como este. El Jardín Botánico tiene una extensión de 15 hectáreas, la más importante colección de palmas, amén de incontables especies de plantas y flores nativas. Su mariposario cuenta con más de 1500 mariposas de todos los tamaños y colores volando libremente y que se posan en tus manos como si se tratase de entrar en las páginas de un cuento infantil.

El mariposario del Jardín Botánico del Quindío, un invernadero de tres alas en forma de mariposa entre el verde
Mariposario del Jardín Botánico del Quindío. Más de mil quinientas mariposas volando libremente.
Juanes y Danny con mariposas posadas en las manos, en el mariposario
Juanes y Danny. Se posan en tus manos como en las páginas de un cuento.
La familia con un guía en un puente colgante amarillo, entre la vegetación del Jardín Botánico
Jardín Botánico. Quince hectáreas de palmas, plantas y flores nativas.

Vestidos de arrieros

Pasar un día en el Parque del Café, acompañar a los chicos a las diferentes atracciones mecánicas y acuáticas, pasear por sus diferentes senderos, recorrer el parque a bordo del tren del café y la que para mí resultó la más divertida e inolvidable actividad del día: vestirnos de arrieros.* Al llegar al Parque Principal del Pueblito Quindiano, ¿Adivinen cómo se llama? La Plaza de Bolívar, mi marido se percató de que una de las ofertas era esta y no lo dudó ni un segundo. En 10 minutos ya todos estábamos vestidos de arrieros y posando para las fotos de rigor. Fueron tres. Dos a color y una en blanco y negro para dar la impresión de antigüedad. Para esta última el fotógrafo nos indicó que teníamos que hacer cara de sorpresa pues se trataba de haber hecho trampa en un juego de naipes. Como no podía ser de otra manera, mi marido que es un actor innato y permanente se robó la escena.

Alexandra y Danny vestidos de arrieros en la plaza, junto a mulas cargadas de café y arrieros del parque
Pueblito Quindiano. Plaza de Bolívar: en diez minutos ya estábamos vestidos de arrieros.
Fotografía en sepia: la familia vestida de arrieros, con naipes en la mano y expresión de sorpresa, como si alguien hubiera hecho trampa
Juego de naipes. Cara de sorpresa: alguien hizo trampa. Jairo, actor innato, se robó la escena.

El paraíso de Juanes

Nuestro siguiente itinerario nos llevó a navegar en balsa por el Río La Vieja. Una experiencia única y maravillosa. Mis hijos dejándose llevar por la corriente. Comer en la orilla del río una vianda preparada en hojas de plátano. Aún recuerdo el sabor del arroz blanco que compartimos.

Juanes y Danny en chaleco salvavidas, sentados al borde de una balsa de bambú en el Río La Vieja
Río La Vieja. Mis hijos dejándose llevar por la corriente.

Visitar el Museo de la Cultura Cafetera, un cementerio indígena, degustar las comidas típicas de esta región. Desayunar con «calentao paisa», detenernos a cada paso del camino a contemplar la inmensidad de nuestras montañas. Colombia está atravesada por tres cordilleras.

Juanes y Danny en un mirador, con las montañas verdes de la Cordillera Central al fondo
Cordillera Central. Detenernos a cada paso a contemplar la inmensidad de nuestras montañas.

El paraíso de Juanes, el parque Panaca. Por un día vivir en una granja alimentando a los animales (cerdos, pollos, gallinas, vacas, ovejas, bueyes). Una exhibición con perros de diferentes razas que interactúan con el público, y como colofón un espectáculo ecuestre con jinetes al galope.

Danny alimentando a un buey y Juanes sonriendo a su lado, en el parque Panaca
Panaca. Por un día vivir en una granja: alimentando a los bueyes.

Hoy, 21 años después, para mí este viaje es inolvidable, único, irrepetible. Cuando lo hicimos no sabíamos que al año siguiente nuestra vida y destino tomarían otros rumbos, y que desde entonces regresar a nuestra patria se convertiría en reencuentros con la familia antes que en hacer turismo. Confío que la vida me dé la oportunidad de conocer algo de lo mucho que me queda faltando de las bellezas de mi país: Caño Cristales, La Guajira, la Feria de las Flores en Medellín, el Carnaval de Barranquilla… tantos, tantos pendientes por recorrer. Colombia, mi patria, el país que llevo en mi corazón.

* Arriero, ra: persona que trajina con bestias de carga. Diccionario de la lengua española.

Septiembre 12/2026

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