Prácticamente gemelas
Mia sorellina, Lilo: de las camas iguales y los vestidos idénticos a una vida entera una al lado de la otra.
Mi madre siempre me comentó que su primer pensamiento cuando nació mi hermana menor fue: Alexandra nunca va a estar sola. Cuánta razón tenía. Ella fue la única hija mujer en la familia Suárez Letrado y tuvo nueve hermanos varones. Adicionalmente fue la octava, así que tenía sobrinas y sobrinos que la superaban en edad y que la hacían sentir incómoda siendo niña cuando la llamaban tía. Imagino la soledad de su infancia sin tener una compañera de juegos y travesuras.
A mí, en cambio, la vida me premió con mia sorellina, nuestra diferencia de edad es de un poco más de año y medio así que lo hemos compartido todo y más en el camino de la vida. En nuestra infancia compartíamos habitación con camas, mesas de noche, sábanas y cubrecamas exactamente iguales. Conservo una gran cantidad de fotografías en las que aparecemos vestidas de idéntica manera. Recuerdo con enorme emoción y nostalgia nuestros juegos de niñas imaginando ser mamás, cuidando a nuestros bebés, cocinando y planchando. (Esto da para un post en Reflexiones en femenino).
Nuestra pubertad, adolescencia y juventud compartidas. Los primeros bailes y fiestas a las que asistimos, los pretendientes y noviazgos que tuvimos. Todo compartido, no siempre en armonía, pero una al lado de la otra. Nuestra primera real separación se dio con su matrimonio. Mi hermanita tomaba su propio camino. Por supuesto compartí su alegría al casarse con el amor de su vida, y la apoyé, acompañé y celebré en un momento tan especial y definitivo.
Recuerdo que el día anterior a su boda le escribí una cartica deseándole todo lo mejor, toda la felicidad del mundo, mientras lloraba escuchando a Joan Manuel Serrat. Siempre había sido y lo sigue siendo, tanto para Charlie como para mí, nuestra nena. De hecho, desde su adolescencia Charlie la llama Nenucha.
Menos de un año después también yo contraje matrimonio. Allí estuvo acompañándome con su hijo de apenas 4 meses de nacido. Mi Juanes llegó 7 meses después y desde siempre nuestros hijos se criaron y sintieron hermanos.
Nuestras vivencias y experiencias como mujeres, madres y esposas nos unieron aún más. Hemos navegado por el Mar de la Vida compartiéndolo todo. Entre nosotras no existe distancia. Tenemos diferencias, algunas de peso, pero nuestro mutuo amor lo supera todo. No me es posible concebir la vida sin la presencia de mi Lilo, mi mejor amiga, mi refugio y mi trinchera, como lo expresa Ceniza en su canción.
Nos hemos acompañado en todo momento, lugar y circunstancia. Se cumplió el deseo de nuestra mamita. Siempre, siempre, la una al lado de la otra, y vaya lo que hemos tenido que compartir, disfrutar, enfrentar, trascender y superar, tanto en memorias felices, recuerdos inolvidables, viajes, risas, como en situaciones difíciles y dolorosas, algunas de las cuales hemos transitado en absoluto silencio, no cabían las palabras, era suficiente el estar juntas.
No hay un solo país al que no haya ido a visitarme en cuanto le fue posible. Se convirtió en la mamá de Juanes desde que él se estableció en Bogotá, y se encargó de acompañarlo, cuidarlo y ayudarlo. Las circunstancias nos permitieron estar juntas el día de la partida de nuestra madre (apenas diez días después de la de Juanes). Su corazón no soportó la pérdida de su nieto. Allí estuvimos, llorando, rezando, sosteniéndonos la una a la otra, sabiendo que la hora de nuestra madre había llegado.
Se lo he dicho mil veces y lo declaro de nuevo, es la mujer más importante para mí, la que más amo y he amado en mi vida, incluso por encima de mi madre, (con quien por más de 40 años tuve una relación difícil). No concibo mi vida sin ella, sin esa llamada cada día hablando por horas, (entre nosotras nunca alcanza el tiempo ni se agotan los temas).
Aunque geográficamente parezca que nos distancian diez mil kilómetros, seguimos juntas, una al lado de la otra, inseparables, desde antes, desde siempre, ahora y eternamente.
Tal y como cantan las hermanas argentinas Soledad y Nati Pastorutti, voy contigo al cielo y al fondo del mar.
Septiembre 6/2026