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Memorias · Buenos Aires, 20 de octubre de 2006

Aprendiendo a hablar en argentino

De Acassuso a Caminito: la mudanza a Buenos Aires, el tren desde Retiro y las palabras que nos hicieron reír, confundirnos y, a veces, ponernos colorados.

Collage de Buenos Aires: el Obelisco, el Congreso, Puerto Madero, Palermo y el Tigre

En el mes de marzo mi marido fue promovido laboralmente, siendo asignado a la ciudad de Buenos Aires. Debía instalarse allí de inmediato y nosotros en cuanto nos fuera posible. Teníamos que esperar que los chicos culminaran su grado escolar en junio, así que luego de meses de carreras y preparativos, una mudanza y más si es a otro país, conlleva mil trámites a todo nivel, arribamos a la capital de Argentina a finales de julio.

Más exactamente el día siguiente a una terrible tormenta de granizo, con bolas de hielo de hasta 10 cm, que según comentaban los encargados de recibirnos en el aeropuerto y transportarnos hasta nuestra residencia, cayeron como si se tratase de proyectiles, produciendo la ruptura de vidrios y ventanales, y graves abolladuras en automóviles y colectivos. Llegamos en pleno invierno. En el hemisferio Sur las estaciones ocurren de manera inversa al hemisferio Norte.

Acassuso

Dos meses atrás, había viajado a Baires a celebrar el cumpleaños de Jairo y el día del padre, aprovechando ir a conocer la casa que habitaríamos y que ya se había tomado en alquiler. Buenos Aires es una ciudad enorme y se ha extendido de tal manera, que el lugar de nuestra residencia no se encuentra en el perímetro de la capital federal sino en una de las zonas que conforma el Gran Buenos Aires. Más exactamente Acassuso en el Partido de San Isidro.

Quería saber a qué distancia, y de qué manera, podíamos trasladarnos por medios públicos a nuestro futuro hogar, partiendo del centro de la ciudad. Resultó ser por tren, un medio que me parece ideal. No conozco viajes más plácidos que aquellos que puedo hacer sentada frente a una ventanilla contemplando el paisaje. La ruta indicada partía de la Estación Retiro. Llegar allí, comprar los boletos y dirigirnos al andén desde donde podríamos subir al vagón, fue algo novedoso para mí pues en Colombia no hay red de ferrocarriles y el único tren que se puede disfrutar en Bogotá es el Tren Turístico de la Sabana.

Locomotora verde y negra del Tren Turístico de la Sabana, con vapor en la chimenea y vagones rojos
Tren Turístico de la Sabana. El único tren que se puede disfrutar en Bogotá. En Buenos Aires, el trayecto partía de Retiro.

Creo que, para mis hijos, esta casa en Buenos Aires es lo que fue para mí la de mi infancia y adolescencia. Es una vivienda tipo chalé muy grande y hermosa. Tiene tres plantas y cinco habitaciones. Ellos siempre habían compartido un mismo cuarto mientras aquí cada uno tiene el suyo propio. Cuenta con un inmenso jardín trasero con piscina incluida y una enorme zona para el asado.

La familia frente al chalé de Acassuso: ladrillo, tejas y el portón abierto hacia la calle
Acassuso, San Isidro. La casa que, para mis hijos, es lo que fue para mí la de mi infancia y adolescencia.
Juanes, Danny y Jairo flotando en la pileta del jardín, detrás del chalé
La pileta. Un inmenso jardín trasero con piscina incluida y una enorme zona para el asado, el quincho.

Ahora, pasados tres meses de nuestra llegada a esta bella ciudad, nos sentimos acomodados y en nuestro hogar. Que los chicos estén estudiando es un logro, puesto que aquí el año escolar inicia a finales de febrero o principios de marzo, (al terminar el verano que va del 21 de diciembre al 21 de febrero), y culmina a fines de noviembre. Habiendo llegado en los últimos días de julio, es un alivio que los hayan aceptado para cursar apenas el último trimestre académico.

El curso de argentino

Uno de los aspectos más singulares y que ha dado lugar para todo, desde risas a confusiones, e incluso vergüenzas, es como lo expresó Danny a los pocos días de su ingreso a la escuela:

Uno de mis propósitos es aprender a hablar argentino.

Y la verdad así ha sido, yo también estoy tomando el curso. Es increíble ver cómo hablando una misma lengua, nos diferencien tantas palabras de uso cotidiano.

En las primeras semanas, mis compras en la verdulería resultaban graciosas teniendo que señalar con el dedo las frutas o verduras que deseaba adquirir. El aguacate se llama palta; la fresa, frutilla; el pimentón, morrón; la piña, ananá; la yuca, mandioca; las habichuelas, chauchas; la calabaza, zapallo.

Ni qué decir de las prendas de vestir y los útiles escolares. Cuando me entregaron la lista de los uniformes y los materiales correspondientes a los grados de mis hijos, quedé en Babia. Las camisetas de cuello redondo son remeras y las de cuello camisero, chombas. Las chaquetas son camperas, los cinturones, cintos, las medias, zoquetes, las faldas, polleras, las sandalias hawaianas, ojotas, los vestidos de baño, mallas, la ropa interior de mujer, bombachas.

El borrador se llama goma, los folders, carpetas, el esfero, birome, el pegante, adhesivo, las hojas de papel, folios, el tajalápiz, sacapuntas, la escarcha, brillantina. Los botes de basura, tachos, los celulares, móviles, los buses de transporte público, colectivos, y las busetas de transporte escolar, combis. La piscina es pileta, el salón es living y la zona del asado es el quincho.

Las vergüenzas y confusiones por causas lingüísticas han corrido casi en su totalidad por mi cuenta. Al no conocer aún la ciudad y sus diferentes zonas, he preguntado al conductor de un colectivo: «¿Dónde puedo coger el autobús para San Isidro?». Todos los pasajeros soltaron una carcajada. Aquí la palabra «coger» tiene una connotación sexual.

En alguna ocasión en que mi hijo mayor tuvo una gripe muy fuerte y no pudo asistir al colegio, al llamar yo a la Secretaría para informar el motivo de su ausencia, dije: «Juan Esteban no pudo asistir hoy a clase porque se encuentra muy indispuesto». Mi hijo quería matarme. En Argentina cuando las mujeres tienen su período dicen que están indispuestas.

En Colombia, como expresión de cortesía para pedir un producto o servicio, utilizamos la frase «Me regalas…», lo que para nada quiere decir que estemos pidiendo un obsequio, es simplemente una manera que reemplaza al por favor. No imaginan las caras de sorpresa y estupor de los empleados de algunas tiendas, comercios y cafeterías, donde al ordenar algo me expresaba con el, para mí tan natural, me regalas. Me miraban con perplejidad e incluso en ocasiones con expresión de molestia, como queriendo decir, y esta señora qué hace aquí o dónde cree que está para andar pidiendo cosas gratis.

Lo de pedir un café en lugar de un tinto, es algo que tuve que aprender desde mi primer viaje a Argentina. En mi país una taza pequeña de café es «un tinto». Aquí una copa de vino.

Caminito

Sin duda, la más simpática de todas las situaciones que hemos vivido por cuenta de estas diferencias, fue la que tuvo lugar cuando visitamos por primera vez el barrio de La Boca y su famosa calle Caminito. Como es usual en toda zona turística, hay muchos comercios con venta de productos típicos y souvenirs. No recuerdo cuál de mis dos hijos se dirigió a una dependienta y le preguntó: «¿Qué precio tienen las cachuchas?». La chica se puso de todos los colores y no sabía qué responder. Mi marido intervino a fin de aclarar el malentendido: «¿Qué precio tienen las gorras?». Resulta que en Argentina una de las formas vulgares de denominar los genitales femeninos es «cachucha».

Esquina de Caminito en La Boca: el edificio de colores, el letrero de tango y el empedrado
Caminito, La Boca. Allí preguntamos el precio de las cachuchas. Quisimos decir gorras.

Jairo siempre recomienda hablar en términos genéricos y universales, y ahora veo que tiene toda la razón. Mejor ni comento lo que me vino en mente cuando leí en el letrero de un taller de mecánica: se sacan bollos. Será en otra ocasión.

Octubre 20/2006

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